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miércoles, 23 de febrero de 2011

"El año que viene vuelvo". Toni Contestí en el mundo de Baleares


Como anticipo de lo que nos contará Toni en su conferencia del Jueves en S'AiguaBlava (más info AQUÍ) os dejo la pequeña entrevista que le han hecho a Toni el mundo de Baleares...

"Pero el año que viene, vuelvo", dice sonriendo mientras sumerge sus dedos congelados en agua tibia. Acaba de aterrizar y ya está pensando en regresar a Canadá para completar, esta vez sí, la Yukon Arctic Ultra, la maratón más dura del mundo. Toni Contestí (Palma, 1969) tuvo que retirarse a la mitad de los 800 kilómetros porque sus dedos estaban empezando a congelarse gravemente.

"Y yo creía que eran ampollas del roce con los bastones", recuerda sin perder la sonrisa. Atrás quedó el susto al verle la cara al médico y el miedo de perder algún dedo. Al llegar a España, el aventurero mallorquín se marchó al Hospital de Zaragoza, experto en este tipo de casos, donde se sometió a una gammagrafía ósea. La prueba consiste en inyectar en una vena un marcador radiactivo que indica hasta dónde hay vida. Y la vida llegaba hasta la yema de los dedos, por muy feos que estuviesen. "Fue un alivio, aunque ahora tenga dolores y me quede un largo tratamiento", reconoce mientras muestra las marcas de las inyecciones en el costado.

Mientras tanto, llega el momento de hacer balance, de quedarse con lo bueno, de pensar en volver. "Ha sido una aventura impresionante, pero quiero volver el próximo año para acabarla", afirma antes de subrayar sus dos grandes errores. En primer lugar, no dar de sí las botas antes de partir, lo que le provocó grandes ampollas en los pies. Y después, olvidarse de hacer un tratamiento antisudoración. «Me di cuenta del fallo a los diez minutos de empezar a caminar. Entre los roces y el sudor, me salieron muchas ampollas. Daba grima ver los dedos, pero lo peor era el talón, que dolía muchísimo», explica.

No fueron los únicos problemas. Algunos estaban previstos, como el intenso frío, con temperaturas hasta 30 bajo cero; el encontrarse con águilas, lobos y otros animales salvajes, o sufrir alucinaciones. "Todo el mundo las tiene y, por ejemplo, ves un bosque y crees que son personas", señala. Otras trabas fueron novatadas, como llevarse comida de sobra hasta rozar los 30 kilos en el trineo que arrastraba. Y otros problemas se achacaron a la mala suerte. "Cuando llegué al tercer punto de control estaba agotado, pero al abrir el trineo me encontré todo empapado en gasolina, porque se había roto la botella del hornillo", recuerda. Otro participante le ofreció su saco, pero ahí se acabó la historia porque los dedos confirmaron su terrible secreto.

Salvo por las ampollas, el físico aguantó el esfuerzo que supone recorrer decenas de kilómetros sobre la nieve sin apenas descanso. Un barrita energética, un chute de leche condensada y un trago de agua antes de que se congele para seguir caminando sin pararse. "En el primer control dormí dos horas y en el segundo, cuatro", relata. No es de extrañar que, a veces, se quedase dormido mientras caminaba.

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